Aunque estoy dado de alta en
diferentes redes sociales, la verdad es que las que más utilizo con diferencia
son Linkedin y Facebook. (Twitter también lo utilizo mucho pero no lo meto en
el mismo saco ya que se trata de microblogging más que de una red social como
tal).
En ellas sigo diferentes
criterios a la hora de añadir contactos:
En Facebook sólo añado a
gente que conozco personalmente y aún así no a todo el mundo (por ejemplo, no
añado a una persona que conozco de un solo día). Mi perfil lo tengo cerrado
para que sólo “mis amigos” vean el contenido. Facebook sobre todo me gusta
porque puedo saber de gente a la que habitualmente no puedo ver y me permite
compartir cosas con ellos pero lo considero muy personal.
En Linkedin el criterio que
seguía al principio era totalmente distinto, añadía a la gente que conozco y de
mi círculo profesional más cercano, pero según iba creciendo mi red cada vez me
llegaban más peticiones de contactos de 2º y 3er nivel que en su día yo no
tenía reparo en aceptar aunque normalmente no los conocía de nada, echaba un
vistazo a su perfil y raramente denegaba las invitaciones.
Hace pocos meses ya empecé a
declinar algunas invitaciones que no me parecían interesantes y unos días atrás
me puse a analizar mi “red de contactos”. Gracias a las etiquetas fue muy
sencillo (por cierto, recomiendo su uso para segmentar a vuestros contactos, yo
tengo 41 creadas).
El caso es que mi red estaba
compuesta de un total de 844 contactos de los cuales había 241 a los que sólo
conocía por Linkedin, es decir, con los que no había tenido ningún otro tipo de
contacto y a los que no conocía personalmente y ni siquiera por teléfono.
En la mayoría de los casos
me habían añadido ellos y yo había aceptado su invitación… me estaba
convirtiendo sin darme cuenta en un “coleccionista de contactos” sin ningún
criterio así que decidí ir viendo aquellos que de verdad me interesaba mantener
por su relación directa con el trabajo y funciones que desempeño actualmente.
Mi red ha disminuido hasta
651 contactos, es decir, he borrado 193 contactos que sólo conocía por Linkedin
y sinceramente creo que ha merecido la pena la criba.
A partir de ahora voy a
mirar bastante más el perfil antes de añadir a alguien que me lo solicite.
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